El mundo se conmociona hoy, otra vez, con una noticia que debería ser inaceptable en pleno siglo XXI: un ataque terrorista contras personas que celebraban Janucá en Sídney, Australia, dejó al menos una docena de muertos y decenas de heridos cuando terroristas abrieron fuego contra una multitud reunida por la festividad judía en Bondi Beach. La masacre fue un acto de terrorismo y de antisemitismo dirigido a la comunidad judía presente.
Más allá de la tragedia, que en sí misma merece respeto, dolor y solidaridad, hay una discusión más amplia que debemos enfrentar con honestidad intelectual y moral. Porque ya no se trata de hechos aislados, ni de simples “incidentes”. Lo que estamos viendo es una escalada global de violencia antisemita que ha entrado en una nueva fase de ferocidad y visibilidad, que va desde ataques físicos brutales hasta hostigamiento cotidiano, entramado discursivo y complicidades ideológicas cada vez más abiertas.
En Australia, donde eventos de odio contra judíos habían aumentado considerablemente en los últimos años, incluyendo ataques incendiarios, vandalismo con grafitis de odio y descubrimiento de explosivos en caravanas junto a listas de objetivos judíos, las autoridades ya habían advertido sobre una ola preocupante de antisemitismo.
Y que nadie nos engañe con eufemismos:
- Atacar a una celebración religiosa judía es antisemitismo.
- Disparar contra civiles que practican su fe no es protesta.
- La destrucción de sinagogas, guarderías o negocios judíos no es “simpatía contra política israelí”, es un DELITO.
Es odio hacia judíos, punto.
La falacia de la “causa palestina” se ha convertido en una coartada para justificar, normalizar o minimizar antisemitismo. No se trata de una protesta legítima, sino de llamados a la violencia contra judíos como judíos.
El ataque de hoy en Sídney no es un episodio aislado; es parte de un patrón global que ya ha dejado su marca en Europa, Norteamérica, Medio Oriente y más allá. Y no solo en formas simbólicas de odio, sino en violencia letal contra judíos por el solo hecho de ser judíos.
No es momento de medias tintas.
Hoy es momento de llamar a las cosas por su nombre: el antisemitismo no es una opinión, ni un matiz político; es un crimen de odio que busca aniquilar a un pueblo y destruir su derecho a existir como tal.
Que no te vendan más la falaz “causa palestina” como excusa moral.
Lo que está en juego es la vida de seres humanos que tienen tanto derecho a existir, a celebrar, a vivir en paz, como cualquier otro pueblo del mundo.
NUNCA PODRÁN CON EL PUEBLO JUDÍO. NUNCA.

