Debe ser durísimo mirarse al espejo cada mañana y saber que, aun gastando una fortuna obscena en marketing, aun rodeándote de gurúes motivacionales importados, como Dante Gebel, aun manoseando palancas de poder como el aparato mafioso de la AFA, hay una verdad que no podés torcer: nunca vas a ser Presidente.
No es una cuestión de plata. De eso ya hubo de sobra. No es una cuestión de exposición. Te sobró pantalla. Tampoco es falta de ambición: te sobra, y te desborda. El problema sos vos. Tu historia. Tu trayectoria. Tu prontuario político.
Sergio Massa es el demagogo profesional, elpanqueque serial, eltraidor de todas las camisetas. El dirigente que pasó por cada espacio, juró lealtad a cada líder y rompió cada promesa sin el menor rubor. El político que siempre cae parado porque nunca estuvo verdaderamente en ningún lado. El oportunista elevado a la décima potencia.
Fuiste kirchnerista, anti-kirchnerista, renovador, dialoguista, opositor, oficialista y, cuando hizo falta, todo eso a la vez. No por convicción, sino por cálculo. No por ideas, sino por ambición. Y el país paga el costo de esa falta total de principios.
Como ministro de Economía fuiste el símbolo perfecto del fracaso: inflación por la estratósfera, pobreza estructural, destrucción del salario, emisión sin respaldo, impuestos asfixiantes y una moneda convertida en papel mojado. Todo envuelto en discursos grandilocuentes, gestos ampulosos y relatos que ya no engañan a nadie.
Gestionaste con el manual del cinismo: culpar a otros, prometer lo imposible, anunciar lo inexistente, hipotecar el futuro de los argentinos gastando una fortuna en medidas electoralistas y patear la bomba para adelante. El resultado está a la vista. Un país más pobre, más desigual y más harto.
Y ahí está el punto que te condena: los argentinos de bien te detestamos. No por campaña negativa, no por operaciones mediáticas, sino por experiencia propia. Porque te vimos. Porque te escuchamos. Porque sufrimos las consecuencias de tus decisiones. Porque te conocemos.
Podés gastar millones, podés rodearte de aduladores, podés manejar estructuras opacas y vender épica donde hay desastre. Pero hay algo que no se compra ni se manipula: la credibilidad. Y vos la quemaste hace años.
Por eso, Sergio Massa, asumilo de una vez. Con todo el aparato, con todo el ruido, con toda la soberbia y con toda la mentira, nunca vas a ser Presidente. No porque te falte poder, sino porque te sobra pasado. Y en la Argentina que despierta, eso ya no alcanza.

