En la era de la posverdad, las palabras han dejado de tener un significado unívoco para convertirse en proyectiles tácticos. Hoy, tras la captura de Nicolás Maduro, asistimos a un fenómeno fascinante y repulsivo a la vez: una súbita y ferviente preocupación por el Derecho Internacional por parte de sectores que, hasta hace apenas unos meses, lo habían declarado obsoleto o, peor aún, lo habían pisoteado para justificar lo injustificable.
Es curioso, por no decir obsceno, observar cómo los mismos actores políticos, académicos y mediáticos que hoy claman por el «respeto a las soberanías» y el «debido proceso» para un autócrata procesado por crímenes de lesa humanidad, son los mismos que el 7 de octubre de 2023 guardaron un silencio cómplice o, en el paroxismo de la degradación moral, celebraron la masacre en el sur de Israel como un «acto de resistencia».
La doble vara como estrategia
Para estos sectores, la legalidad no es un marco de convivencia, sino un menú a la carta.
- Cuando se trata de Maduro: Se invocan los tecnicismos jurídicos, se cuestiona la jurisdicción de las cortes internacionales y se habla de «persecución política». Aquí, el derecho internacional es una armadura sagrada que debe proteger al líder, sin importar las torturas, las desapariciones o el hambre de millones.
- Cuando se trata de Israel: El derecho internacional se convierte en un arma arrojadiza. Sin embargo, ese mismo celo legalista desaparece cuando se trata de evaluar los crímenes de Hamás. Para ellos, el asesinato sistemático, la violencia sexual utilizada como arma de guerra y el secuestro de civiles no requieren juicio ni condena; se «contextualizan» hasta que el crimen se disuelve en la narrativa de la liberación.
El eje de la incoherencia
No es una coincidencia geográfica, es una alineación ideológica. Existe un hilo conductor que une la defensa de la dictadura venezolana con la justificación del terrorismo fundamentalista. Es el rechazo a los valores liberales y democráticos de Occidente.
Los que hoy dicen que la captura de Maduro es «ilegal» son quienes validaron la narrativa de la posverdad que transformó a los perpetradores del 7 de octubre en víctimas y a las víctimas en victimarios. En su universo moral, la ley solo existe para limitar a las democracias, nunca para castigar a los tiranos o a los terroristas que sirven a sus intereses geopolíticos.
El fin de la autoridad moral
¿Con qué cara pueden hablar de «derecho» quienes justificaron la decapitación de bebés y el secuestro de ancianos? La respuesta es simple: no les importa la cara, les importa el relato.
La captura de Maduro no solo pone a prueba la justicia penal internacional; pone frente al espejo la hipocresía de una izquierda caviar y de un progresismo autoritario que ha decidido que los Derechos Humanos son relativos según quién apriete el gatillo.
Si tu respeto por la ley internacional depende de si el capturado es un aliado ideológico, entonces no crees en la ley, crees en la impunidad. Y si fuiste capaz de justificar el 7 de octubre, cualquier apelación que hagas hoy a la «justicia» no es más que un ruido vacío, una cáscara retórica para ocultar tu desprecio por la dignidad humana.
La historia, que es más terca que los algoritmos de la desinformación, recordará quiénes estuvieron del lado de la civilización y quiénes, disfrazados de legalistas, no fueron más que los escribas de la barbarie.


Describes lo que muchos pensamos con palabras precisas. Este artículo lo pienso enmarcar. Gracias sinceras.
Estimado Dani, agradezco profundamente el apoyo que le has dado a mi país no siendo el tuyo. Saberte vulnerado junto con tu pueblo trascendente hace que tu solidaridad tenga un alto valor para nosotros. Sabes como nos sentimos, nos entiendes. Sabes qué se siente cuando el inútil o poco util apoyo internacional se vuelve contra nosotros volviéndose retórico, palabrero especialmente en el odioso concepto de la “autodeterminación de los pueblos”. Uno que debió servir para proteger a los pueblos, pero que ha terminado, como en nuestro caso venezolano protegiendo a nuestros dictadores y torturadores y en el caso de ustedes a sus victimarios. Hay una clara y urgente necesidad de que la comunidad internacional revise estos conceptos y los actualice en un mundo possegunda guerra mundial. Hoy las condiciones son otras y no puede seguir ocurriendo que la soberanía residida en los pueblos sea pisoteada por tiranos y delincuentes como les plazca. La ciudadanía en democracia debe recuperar su soberanía y su derecho. Gracias Dani.
No podés haber elegido palabras más precisas y certeras en un análisis impecable! Agradezco que pongas en palabras mi sentir y mi pensar…Gracias Dany!